
Ella pensó que había encontrado al amor de su vida.
Vagó muchos años por pechos sedientos de lujuria y amor, por amantes caducos y desenfrenados, por hombres que lo hubieran dado todo por compartir su existencia con ella. Pero en él, encontró al amante perfecto, al amor más mezquino. Encontró al amor de su vida...
Y así, fue esquivando sus mentiras como esquiva los jirones de una bandera, que a duras penas enarbola su presente. Ya no puede decir que es lo que era, ya no puede arrancarte las entrañas con alguna frase despiadada porque su lengua se perdió en los vacíos de una boca que tan sólo le regala vanidades.
Frágil y marchita, aún pasea cual reina, pues su pérfido adonis la embellece con su furia lujuriosa de auténtica bestia.
Por eso, él es su amante, él será, siempre su amante...





