
«Heme aquí, en esta histórica ciudad de Alcalá de Henares, tratando de decir unas palabras, trescientos setenta y ocho años después de que don Miguel de Cervantes Saavedra, nacido en ella, dijera discretamente la última suya antes de enmudecer para siempre. ¿Para siempre? El simple hecho de que hoy nos reunamos aquí, en esta prestigiosa universidad, para honrar su memoria, demuestra lo contrario, esto es, que don Miguel de Cervantes Saavedra no ha enmudecido, que su palabra sigue viva a través del tiempo, de acuerdo con el anhelo de inmortalidad que mueve la mano y el corazón del artista...»
Lo mismo digo...
(Tomado de «Una vida vivida», discurso leído en la ceremonia de entrega del Premio Cervantes, 25 de abril de 1994, en He dicho, Destino, 1996, pp. 211-212)
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