
Jamás pensó que estar sin él doliese tanto.
A veces, cuando el dolor la dobla, va a verle;
y allí, de pie frente a la piedra, le cuenta, en silencio,
cuanto vacío le ha sembrado...
Ahora su boca es inquisidora y sus labios son apenas la hendidura de un corazón abandonado.
Decidió dejarla de una vez, decidió que ya no le hacía falta, que ella se merecía la libertad que siempre anheló, esa con la que fantaseaba, con la que alardeaba ante quienes de verdad sabían que nunca sería libre. Porque él se fue para liberarla y le ha dejado un yugo que la asfixia. Nadie se lo puede arrancar, porque ese yugo lo eligió ella y sin saberlo, lo hizo en el mismo momento en el que fué suya, en ese momento en el que todo merecería la pena por tenerle siempre a su lado.
Ella hace lo que quiere, siempre hizo lo que quiso, por eso se ató a su cintura y ahora que él ya se ha ido, no encuentra la forma de atarse a la vida...
Hay piedras que guardan la esencia de un alma. Ella nunca estará sola mientras mantenga vivo el recuerdo. Bs
ResponderEliminarA veces deseamos cosas sin pensar que perderlas puede ser muchísimo más duro que no llegar a tenerlas...
ResponderEliminarEnhorabuena por el blog, me encanta.
Seguiré leyendo con interés, vuestro trabajo lo merece.
Felicidades y gracias,
Fer
Muchas gracias por vuestros comentarios, muchas gracias por leerme, gracias por escribirme.
ResponderEliminarEsto se está convirtiendo en un vicio y lo que más me preocupa es que hasta ahora, parece sano...
Besos