sábado, 17 de abril de 2010

Sin mirar, verte...


Su vientre es la bolsa de oxígeno que le ayuda a respirar y hundirse en su pecho es la balsa que la salva del naufragio.
Por eso ha caído tantas veces, por eso ha renunciado a ver el sol cada mañana y se amarra al vacío para pensar que no está sola, que sigue allí.
Todavía pasa rozando su puerta por si un susurro pudiera despertarlo y llevarlo con ella. Aún sueña que es posible y que dándose un poco, que dándole todo, volverá a su río.
Ha tenido que tocar fondo, ha tenido que arañar el infierno para darse cuenta que aquello no era un cuento de hadas y que su príncipe se convirtió en verdugo. El verdugo más miserable que nunca hubiera imaginado.
Sus ojos se perdieron en las lindes del enemigo y ninguna señal terrestre pudo avisarla, todo fue en vano.
De esta manera la encontraron una y mil veces, con los ojos hinchados de llorarle y el alma rota por el desencuentro...

El letargo duró lo suficiente como para que su melena luciera cual lustroso azabache y su boca torciera el gesto simulando una sonrisa.
Así se lanzó a la calle, así camina con paso firme, sabiendo que es libre, sabiendo que ahora puede, que ya no más.
Sin embargo, en ocasiones gira el rostro y vuelve la mirada porque sabe que no puede bajar la guardia, porque sabe que si vuelve, una vez más será suya...

3 comentarios:

  1. "No estarás sola,
    siempre habrá quien se parta en dos en cada despedida,
    quien te de aliento cuando te des por vencida.
    Tu revolución llenará sonrisas..."

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  2. Erunámo, hay personas que necesitan un momento de soledad para volver a ser persona, para volver a encontrarse...

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  3. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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