domingo, 13 de junio de 2010

Besos








No es más guapo, no es más alto,
no es más listo.
Ni cocina, ni canta,
y rarezas tiene varias.
No es príncipe, ni rey,
ni astronauta.


-¿Qué tiene entonces que no tenga yo?
-Besos, mi amor.
Con cada sonrisa, me regala un beso...

martes, 25 de mayo de 2010

Nada queda



1, 2, 1, 2, 1, 2,... no cuenta.
El único ejercicio que realiza es el de su cerebro intentando memorizar las veces que pasó, e intentando olvidar que pueda pasar de nuevo.
Puede contar una tercera pero no quiere imaginarlo porque solo eso le parte el alma, la deja sin esperanza.
Le han dicho que aquello que ocurre una vez, puede ocurrir una segunda, pero que aquello que ocurre dos veces, seguro ocurre una tercera.
No quiere necesitar más salvavidas, no quiere hundirse de nuevo, no quiere perder la esperanza pero sabe que una vez más puede navegar a la deriva en un río de rosas y lágrimas. Porque es dulce y bello como una flor pero amargo y doloroso como su mordaz espina.
Ahora o nunca, ahora y siempre.
Siempre, guardará consigo sus aromas, sus silencios, sus tiempos, su todo, su nada...
Nada, eso queda, nada.

viernes, 21 de mayo de 2010

Él también la desea


Cierra los ojos y lo más que alcanza a imaginar son sus manos...
Apenas tiene recuerdos, la emoción la llena tanto, que abruma su memoria hasta el punto de no retener los momentos más dulces junto a él.
Le ha dicho tantas cosas, le ha mirado tantas veces y le ha hecho suspirar con tanta fuerza, que su frágil memoria no es capaz de guardarlo para ella. Por eso no puede disfrutar las cosas una y otra vez, por eso tiene que alimentarse de lo que la imaginación le permite, porque los recuerdos se los quedó él.
Imagina y vuelve a imaginar, y mezcla el almíbar de la pasión con el ácido desencuentro, porque sabe que acabará hundida, porque sabe que si lo ve de nuevo, volverá a cuestionarse su existencia, volverá a dudar de su destino, pero ante todo, volverá a rodar entre sus brazos.
Lo desea tanto…
Sueña cada noche con ser rozada por sus manos y cuando el duermevela la perturba, serena su alma con píldoras de amor eterno. Entonces, imagina lo que desea y desea lo que no alcanza, aquello que no tienta por miedo, por prudente, por imbécil. Así, espera que un día más su dedo se deslice por su espalda y le haga sentir que entre tanta gente, él sigue a su lado, desde lo más lejos.
Esas manos…
Son tanto sus manos para ella, y sin embargo nunca las ha tocado, nunca la han rozado. Será por eso que las tiene idealizadas. No tanto su boca, que le ha dejado lo más deseado y lo más mezquino de sus idas y venidas. Una boca que la hunde hasta el negro más profundo y la eleva entre muerdos de locura.
Esa boca…
Poco queda ya para sus ojos. Poco o todo. La buscan, la pierden, le mienten, le regalan tanto. La mayoría de las veces apenas puede hablar así que todo se lo dice con la mirada. Y aquí de nuevo tiene que imaginar, tiene que adivinar lo que otros ven como evidencia. En ese instante, en ese mismo momento, todo se para, y un instante, un cruce de miradas, se hace eterno. Le ha dicho tanto en tan poco tiempo.
Esos ojos…
No sabe si lo volverá a tener entre sus brazos, no sabe si volverá a beber su aliento, no sabe si volverá a morder su boca, pero de una cosa está segura,
él, también la desea…

jueves, 29 de abril de 2010

Mujer roca...


Bien pronto comenzó a saber lo que son obligaciones y no deberes, que era aquello que todas las niñas de su edad hacían cada tarde mientras ella ya saboreaba las mieles y las hieles del duro trabajo diario.
Igual que eso, bien pronto aprendió a echar cerrojo a su alma y no dejar pasar a nadie…
Supo ser obediente y acató todo lo que dijeron, también aquello de que el primer amor era para siempre. Y ella lo intentó. Pero cuando decidió darse, sólo recibió vacios, y empezó a preguntarse; qué pasa, qué falla, qué falta. Y gira y gira en un bucle de mentiras que voluntariamente quiere creer por el simple hecho de no fallar, por no querer defraudar, por no querer defraudarse. Pero un día las mentiras le pisaron los talones y no tuvo más remedio que plantarles cara.
Se hundió con las misma obediencia que lo hacía cuando niña, pero ahora la niña había crecido de golpe, había crecido por miedo, por vergüenza, por pudor, por rabia.
Un grito mudo invadió el aire del cielo, la espuma del mar y el rocío de la aurora pero nadie la escuchó, nadie recogió sus lágrimas así que las secó con el puño que cada día contaba como tirar pa`lante y echó la llave, se cerró.
Ahora, su alma triste no deja pasar a nadie, las llaves de su castillo de princesa olvidada se han oxidado. Ahora se ríe de todo y de todos. Ahora disfruta de su cuerpo, de tu cuerpo, del tuyo… y no quiere más.
Sigue siendo la niña obediente que aprendió de “chica” y sigue poniendo su puño sobre la mesa cuando hace falta, pero desde el día que enmudeció el cielo con su entraña, desde el día que secó el mar con su garganta y desde el día que quemó los cerros con su ahogo, desde ese día, la mujer se convirtió en roca y no quiere saber más de nada…

sábado, 17 de abril de 2010

Sin mirar, verte...


Su vientre es la bolsa de oxígeno que le ayuda a respirar y hundirse en su pecho es la balsa que la salva del naufragio.
Por eso ha caído tantas veces, por eso ha renunciado a ver el sol cada mañana y se amarra al vacío para pensar que no está sola, que sigue allí.
Todavía pasa rozando su puerta por si un susurro pudiera despertarlo y llevarlo con ella. Aún sueña que es posible y que dándose un poco, que dándole todo, volverá a su río.
Ha tenido que tocar fondo, ha tenido que arañar el infierno para darse cuenta que aquello no era un cuento de hadas y que su príncipe se convirtió en verdugo. El verdugo más miserable que nunca hubiera imaginado.
Sus ojos se perdieron en las lindes del enemigo y ninguna señal terrestre pudo avisarla, todo fue en vano.
De esta manera la encontraron una y mil veces, con los ojos hinchados de llorarle y el alma rota por el desencuentro...

El letargo duró lo suficiente como para que su melena luciera cual lustroso azabache y su boca torciera el gesto simulando una sonrisa.
Así se lanzó a la calle, así camina con paso firme, sabiendo que es libre, sabiendo que ahora puede, que ya no más.
Sin embargo, en ocasiones gira el rostro y vuelve la mirada porque sabe que no puede bajar la guardia, porque sabe que si vuelve, una vez más será suya...